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4.6.12

Ruptura.


"Fue como si los dos decidiéramos jugar a ese juego sin tener que discutir las normas."
Cada uno en su lugar, Crema

La vida podía decidir jugar conmigo, pero yo solo me dejaría llevar y no le seguiría el juego. Quería consolarme pensando que no era más que eso, lluvia, gris, asfalto; pero como siempre, no hacía otra cosa que mentirme a mí, solo a mí mismo. Todo era culpa suya. Si no se hubiera puesto así, si no me hubiera dicho aquellas cosas... Claro, que yo también podría haberme callado. Yo podría no haber empezado de ninguna de las formas, podría haberla abrazado, y no, me quede quieto sin decir nada. Que curiosas vueltas que nos da la vida. Hace unos años moría por probar aquellos labios de color "coral rosado", como a ella le gustaba presumir, pero ahora no, ya no, y ya nunca más.

Pero claro, tampoco es fácil de olvidar. Vamos a ver, es mucho tiempo. Y sin embargo, las palabras duras salían sin pensar, los pensamientos eran guerreros y cortantes, con filo. Todo dolía. Y lo primero de todo, ella.

"Nací en un viernes y moriré en domingo; viviendo sucio y sonando limpio."
En ruinas como en Roma, Crema

Sigo caminando, porque ¿Qué puedo hacer si no? Solo caminar no hiere. Pensar si. Pensar es un clavo ardiente clavándose en la cabeza, ¿o acaso es el corazón? No, va, no nos pongamos poéticos. Me duele la cabeza. Quizás me duele por esa copa de más del último bar de mala muerte en el que puse el pie, ahogando penas en alcohol o ahogándome yo, no sé muy bien cuál de los dos. -¡Alcohol, mátame! ¡Que el amor no pudo conmigo!- Ella era deliciosa, una diosa, dulce y ardiente, pura acción en desprecio por la espera. Y era mía. Y yo la tiré.
Despreciar un regalo de los dioses seguro que está castigado más allá de la vida. De esta forma, probablemente yo acabe en algún purgatorio eterno, pagando con penas que ni siquiera imagino el error de unos pocos minutos.

"Fuera las hostias en la cara, y aquí dentro poesía."
Nada más que eso, Crema

Pasando por el paseo junto al río me tienta el agua. Brilla, la luna se refleja, y, hermosa, me llama como si de un canto de sirena se tratase. Pero yo resisto. A mi única sirena la he espantado a fuerza de malos humos de contaminación moral, y aun le tengo demasiado apego a la vida como para quererme hundir en el agua fría sin otro motivo. Pero si ella me lo hubiese pedido lo haría ya, sin dudar, saltaría para hundirme y no volver a ver la luz ni un segundo más. Pero ya no hay más de ella, nunca me dará más órdenes ni me chantajeara para que las obedezca.

Casi sin querer salta un pensamiento vagabundo en mi cabeza. Quizás ella también sienta frío al estar sola. Puede que se arrepienta tanto como yo de haber provocado nuestra propia tormenta perfecta. Me gustaría creer que ahora mismo se está arrepintiendo de sus palabras como puñales clavándose en mis oídos, a los que hasta hace tan poco solo susurraba las palabras más dulces y amorosas.

"Ya tuve muchos sueños y por eso mis delitos fueron dulces."
Ego, Crema

Me gustaría poder creerlo con tanta intensidad que la única forma que tengo de librarme de ello es comprobarlo por mí mismo, ir, verla, herirnos un poco más, de nuevo, mucho más, y eliminar esas probabilidades de salvarme del abismo que representa para alguien como yo una noche como esta. No sé muy bien como llego hasta allí, hasta aquella puerta que tantas veces me han abierto, ante la que tantas veces me he parado en espera de una señal invitadora...

...


La puerta esta entornada, y me temo lo peor. Ella ya no está, se ha ido, hay algunas prendas de ropa tiradas por el suelo, y en una de ellas reconozco mi talla, en otra un vestido que yo le regale. Ha hecho las maletas rápidamente y se ha ido, se larga como llego a mi vida, en un suspiro de azar cansado. Puede que si no hubiese sido por aquella noche no hubiéramos discutido ni peleado, yo esta noche no me habrá pasado con los gritos ni ella con las palabras, yo no habría acabado en un bar ni ella se habría acabado yendo. O puede que de todas formas sí.
Estar allí no me hace ningún bien, más bien, me lo quita, así que me voy, prefiero irme y verlo todo solo como esta en mi memoria, lleno de luz y calidez, y no frío y abandonado, como ella me ha dejado, como yo me siento hoy.



18.12.11

Narraciones conjuntas.

Él solía decirme que mis opiniones eran barbaridades de tilde en la primera a. Yo me reía, no se si de diversión, o simplemente por no llorar. Discutíamos. Era su pequeño animal sauvage, o así le gustaba llamarme. Me ponía a prueba, a mi y a mi inteligencia. Decía que su única pretensión era descubrir si debajo del pelo bonito y brillante podía haber una también brillante inteligencia.


Ella era luz, color, pasión, desenfreno, el caballo mas desbocado de la manada. Me fascinaban sus razonamientos brillantemente simples. Quería, hacía. Sus ideas eran un mar revuelto, y su corazón un pozo sin fondo. Su mente bailaba al son de la ultima música que había oído, y nada mas. Me gustaba pensar que yo era su educador, y debía formarla al mundo.


Él gustaba de presentarme problemas aritméticos que yo debía resolver para demostrar hasta donde llegaban mis conocimientos. Cuando él así lo decidía, cambiaba, y me daba uno de sus libros nunca publicados e ilegibles de puro absurdo, para que me culturizase. Yo me aburría mucho. Lo único que me gustaba realmente de todo aquello era oír su voz.


Ella era un caso imposible. No le interesaban mis métodos de enseñanza, y nunca conseguí sacarle una chispa de genialidad a su forma de ver el mundo. Pero aun sabiendo que nunca iba a lograr mi objetivo de volverla un ser mas superior, me seguía fascinando. Y puede que por eso, a pesar de tanto que presumo de ser lógico, pasásemos tanto tiempo juntos.


Él sabia que estaba loca. Ella sabia que no era mas que un pedante.
Y a pesar de todo, ahí estábamos los dos.

8.12.11

Carta III (Él)

Amor mio:

Se que esas palabras no se ajustan exactamente a ti desde mi, pero eres a quien mas se ha ajustado nunca en mi vida, por lo menos cuando hablo sobrio y sincero.
No me dejes. No me olvides, no me eches de tu vida. Dejame seguir ahi, aunque sea a medias. No me jodas yendote asi, dejandome aqui.
Porque si me dejas voy a tener que beber muchas copas hasta conseguir borrar tu recuerdo, y no se si sobreviviria a ellas sin tenerte al lado.
Eres tu quien me soporta y me mantiene en pie muchas de las noches, o lo hacias hasta hace bien poco. Ahora, la verdad es que no se muy bien que hago vagando en solitario. Tu tambien me llevabas a los lugares en los que podiamos perdernos sin pensar en el resto del mundo, fumarnos dos cigarrilos y respirar el humo hasta toser. Sin ti, solo puedo quedarme en casa.

Recuerdo aquel dia con especial... ¿cariño? Si, puede que esa sea la palabra. Tu estabas alegre pero callada, como a mi me gusta, como el dia que te conoci. Me guiabas hasta un nuevo local que te habias encontrado de casualidad cuado nos separamos la noche anterior (yo, con una nueva de esas, tu, en busqueda y captura de otra copa mas). El garito de turno mal no estaba, he de reconocerlo. Musica en directo, una barra surtida... lo tipico. La verdad, fue una noche totalmente normal, dentro de nuestra rutina. Alcohol, miradas, alcohol, musica, bailar, miradas a otros, mas alcohol, bromas al camarero, alcohol, miradas entre nosotros, alcohol, alcohol, alcohol. Fue la ultima noche antes del desastre.
A veces... Bueno, sabes que? A veces me es indiferente, da igual.
Quizas he de decir que se te ajustan mejor esas palabras de lo que pensaba, de lo que me gustaria.



Y yo que creia que nosotros éramos diferentes.
Firmado: 
Tuyo

29.10.11

El psiquiátrico.

El punto a discutir hoy era la calma. Cuanta calma hay después de las tormentas; cuanto tarda esta en llegar. Daba para mucho. Y tenía interpretación libre. Entre ambos mantuvimos la conversación de varias horas acostumbrada de esos días en los que era la música lo que hacía de colchón, y la voz del otro lo que nos decoraba los oídos. Era bonito. Puede que algo de lo que más había echado de menos.
Su llegada, imprevista, como siempre, y menos esperada que nunca después de su larga ausencia, me derrotó desde el principio. Parecía que la vida me quería dejar caer en un pozo del que ya no iba a volver a salir nunca mas. El pozo de sus ojos. Y a mi, me daba igual.
 Eran sus ojos, con eso bastaba.
Nunca he conseguido recordar como llego. Supongo que el recuerdo lo han borrado las inyecciones, las gotas, las pastillas, los comprimidos, los goteros, las transfusiones, los bálsamos, los jarabes, las píldoras, el electroshock. Esos tratamientos. Tampoco es que me importe mucho, siempre había sido así, mi vida era una nebulosa, y las únicas estrellas de luz en mi mundo eran sus encuentros.
Por eso cuando pasó un tiempo sin que me visitara empecé a desesperarme. Él nunca había sido una constante, pero se había vuelto lo único real de mi vida. Ni siquiera cuando deje mi casa dejo de venir a verme, y eso que no había podido avisarle. Simplemente un día apareció en el nuevo sitio donde estaba yo, y me hizo feliz de nuevo.
Volver a hablar con él era maravilloso. La única persona que me entendía y comprendía a la perfección. Todavía no había abierto la boca y el sabia exactamente que iba a decir; y por supuesto, tenía preparada ya una replica cortante, lógica y divertida a un tiempo.
Hoy hablamos de la calma. Yo le dije que para mi, la calma era él. Se rió, bastante, y paso un tiempo mirando por la ventana, sin decir nada. Después siguió hablando, del mar y las olas, de barcos y tormentas, de porque las mareas bajas le hacían pensar en muerte y las playas de noche eran el mejor sitio del mundo. Yo, que nunca había visto el mar, su calma, me sentía volar oyendo hablar de todo aquello. De vez en cuando le interrumpía, para que me explicase porque rompían la calma las gaviotas, o porque para él, el mejor sitio para pensar era la inmensidad del océano. También le interrumpí para decirle que a mi todo aquello me sonaba a cuento chino, que la perfección no podía ser tan húmeda ni estar tan sucia de algas y arena; y que, por encima de todo, no podía estar tan al alcance de la mano. Pero él no me hizo mucho caso. ''No lo entiendes, nunca has estado ahí.'' Me dijo. Y me sentó un poco mal, pero se me olvido rápidamente cuando empezó a contarme cosas sobre pececitos de colores y cangrejos, medusas y mejillones. ''Llevame, por favor.'' Le pedí repentinamente. ''No puede ser.'' Me contesto. Según el, podía romperme con la emoción de la novedad. Lo comprendí, soy frágil, por eso estoy en este sitio. Pero aun así me hubiese gustado poder conocer al Mar.


Hoy, ella ha vuelto al mismo estado de antes. Habla, sola, parece que escucha el silencio. Pensamos, creíamos, que después del traslado y los innumerables tratamientos habría mejorado. Y lo parecía. Pero a la vista ha quedado el error; está exactamente igual, o peor. Ahora sonríe, parece feliz al menos. Mira fijamente a un punto a su derecha en el que no hay nada; se sonroja, se ríe timidamente, reacciona a algo que está solo en su cabeza. Lo bueno es que algo de vida ha vuelto a ella, después de meses de evasiones y ausencia, desconexiones de una mente que lucha por un retazo de realidad. Al menos ahora parece que esta en calma.

2.10.11

Carta (Él)

¿Querida? Tú:

Entiendo que te fueras. Lo que no quita que me moriría por haber ido contigo. En tu maleta, metido, quizás, pero contigo.
Lamento cada palabra que te dije y te hizo sufrir. Y lamento cada gota de alcohol que te hice beber bebiendo juntos.
He de decir que jamas podría haberte hecho feliz. Tu lo sabias, yo lo sabia, hasta el camarero de nuestro antro preferido era consciente de ello noche tras noche cuando me mirabas de lejos, sin dejarme acercar ni queriendo yo hacerlo tras aquel día. El día de las mentiras.
Mira, me jodiste. Hablemos claro. Yo estaba bien, creía que tu también. No puedo hablar de satisfacción ni mierdas parecidas, pero no era tan malo, ¿no?
Y viniste tu a estropearlo todo, a mezclar cosas que tenían que estar separadas. A liarme la cabeza con tus nieblas matutinas y tus ruinas nocturnas.
Si, si, lo se, puedes decir que antes te había estado torturando yo noche tras noche de aquellos años que no se narran porque no pasaron. No diré nada en mi defensa. No considero que tenga que hacerlo.
La culpa es solo tuya.
Pero yo, bueno, te hecho de menos.

Lo mio no es escribir, tú lo sabes perfectamente. Eso era tuyo, tuya la maquina de escribir, el vaso de whisky que ha dejado un cerco en la mesa, en ese sitio donde siempre lo colocabas. El cerco de Tu vaso hecho en Mi mesa.
Parece una mala metáfora de la huella que has dejado en mi vida. Porque la verdad es que así es como es. Nunca has llegado hasta mi directamente, siempre ha habido un grueso cristal entre nosotros que ha dejado cerco. Era el cristal de tu amor y el de mi indiferencia.
No me gusta esa metáfora. Pero que le voy a hacer, ya te lo he dicho, la escritora eras tu, yo no tengo talento, y jamas lo tendré. Para nada que no sea pasar la noche en un bar, al menos. O ni siquiera para eso; tu solías acabar la noche mucho mejor que yo, o algo de eso recuerdo.
Volviendo al tema, no sabes cuanto me esta costando escribirte esto. No se si te lo voy a enviar, la verdad. Solo se que necesitaba decirte algo, porque tras esas noches interminables que nunca me he molestado en contar, no me parecía bien dejarte ir sin mas.
Lo cierto es que me has dejado solo. Ya no tengo quien me acompañe de bar en bar en madrugadas. Nadie me hace saltar de la cama con una llamada. Bueno, tu tampoco lo hacías, seamos sinceros. Pero por lo menos te molestabas en llamarme para comprobar que seguía vivo cuando a las 7 de la tarde todavía no había dado señales de estarlo.
Oh mierda, me estoy dando cuenta de que me he comportado como un gilipollas, y además lo he disfrutado cada segundo. No creas que por darme cuenta siento afán de arrepentimiento. Volvería a actuar exactamente igual. Pero entiendo que te hayas ido.
Muchas veces, no me aguanto ni yo.

En definitiva, después de haberte hecho perder unos minutos recordándote la desgracia de vida que has dejado atrás, a ver si así consigo darte pena, o algo, voy a ir a lo importante:
Vuelve. O como mínimo, contestame a esta carta.

Firmado:
 Yo.

10.9.11

Fragmento (III)

-Aaaaay, que sueño me esta entrando...- Su voz era como una caricia para mis oídos, una raspante caricia, una caricia fumadora y drogadicta, borracha, y ansiosa de otras caricias.- Sera cosa de este calor... -Se removió sobre la hierba en la que estábamos tumbados, acercándose mas a mi.
-Sera, o sera la media botella de vino que te has metido en el cuerpo.- Dije, divertida y cínica a un tiempo, mientras me separaba para volver a restablecer el espacio entre nosotros. - Ese cuerpo que tanto maltratas y que absorbe tantos líquidos que bien podría ser una esponja. - Ese cuerpo roto en vida, que me llama a gritos y me pide que lo toque, lo recorra y lo haga mio una y mil veces, y vuelta una vez mas.
-Pues... También puede ser, razón no te falta.
-¿Estas sonriendo, verdad?
-¿Como lo has sabido?
-Porque eres predecible, sin mas. - Solo quise expresar indiferencia, pero la mente racional murió en un segundo y hable de mas. - Eres predecible e irritante; y además de todo estas ebrio. Y si yo no lo estoy a la vez, no es divertido. Me enervas cuando quieres, y cuando quieres no te aguanto, me pierdes, me vuelves loca, me tienes perdida y absorta.
- Que divertido ha sido eso... ¿Y tu estas sobria? Me parece a mi que no... - Un simulacro de risa escapo de entre sus dientes bañados en licor.
-¿Que mas da eso? Las palabras significan los mismo, independientemente del estado de la persona que los diga. Solo expresan sentimientos y pensamientos que ya estaban ahí.
-Importa bastante.
-Dime por que.
-Si dices algo como eso estando bebida significa que es algo que no quieres decir, pero que es superior a ti misma; en cambio, si lo dices sin haber tomado nada, simplemente puedes estar riéndote de mi.
-¿No has oído lo que acabo de decir?
-No estaba escuchando. Casi nunca te escucho, me gusta mas mirar como se mueven tus labios que oír los sonidos que salen de ellos.
- No digas gilipolleces.
- ¿Lo ves? Yo ahora me estoy riendo de ti. Tu has podido hacer lo mismo.
-... - Y como siempre, me acababa desarmando con sus razonamientos de alma embebida en vida amarga y alcohol. - ¿Pero y si no lo he hecho?
- Prefiero que haya sido mentira.
- ¿Por que?
- Porque eso significa que me quieres, y entonces tienes un problema.
- ¿Cual?
- Que tu me quieres, pero yo a ti no.

30.8.11

Fragmento (II)

-Jodidamente buenos, si señor. - Sus ojos brillaban, expectantes. Ojos de cazador, ojos de quien espera siempre ser cazado entre algodón.
-Si bueno, si tu lo dices... -No estaba prestando atención, realmente. Mi atención la tenia captada el por completo; y desde siempre. - Oye... ¿Cuantas te has tomado ya?
-¿Cuantas que? - Ni siquiera se volvió para mirarme, no me estaba prestando atención en absoluto; prácticamente lo mismo que hacia cada noche desde que nos habíamos empezado a ver.
-Cervezas.
-Tres o cuatro, creo... Tampoco importa, aun no es tarde y esta noche llevo lo suficiente para pagar otras tantas mas. Además, que te importa, ni que fueras mi madre. Hoy podrías haberte quedado en casa si no querías verme bebiendo, sabes que es lo que hay cuando vengo a este tugurio de mala muerte que les gusta llamar bar.
-Venga ya, pero si prácticamente me has sacado a rastras de casa porque no querías venir solo.... - El se rió a carcajadas ante mi cara de picardía.
-Vamos, mi guapa niña, sabes perfectamente que yo solito puedo pasármelo muy bien. - Su cara reflejaba la superioridad que sentía, y que me hería mas que su comentario. Y las heridas reclaman venganza.
-Bah, dime la verdad, que a mi puedes decírmela. Querías que viniese porque sabes que hoy va a estar ella y vas a poder verla. Porque no te gusta estar solo cuando te sientes cobarde viendola y sin atreverte a decirle nada. - Sabia que estaba siendo cruel; pero el me habia herido antes, y de eso se trataba basicamente nuestra relaccion: de beber, herirnos y seguir viendonos cada noche.
-No me jodas, sabes que no me importa verla o no. - Mentía y los dos lo sabíamos. Ella estaría en el bar en algún momento de la noche, el lo sabia, yo lo sabia; todo el bar lo sabia. Todo el bar la esperaba. La expectación se notaba en el ambiente. Todos, menos yo.
-No me jodas tu a mi. - Dije para mi misma, girándome y dejándole con la única compañía de sus vasos vacíos. Le pedí otra cerveza al tipo de la barra, pero no me hizo caso; estaba demasiado ocupado mirándola a ella, que acababa de entrar por la puerta. Reprimí una mueca de fastidio. Vi reprimir gestos de deseo por parte de los ocupantes del bar. Suyos también, por supuesto. suyos mas que de nadie. Estaba loco por ella, Como todos. Pero el un poco mas; él siempre era un poco mas que todos los demás. Y eso a mi me tenia loca.
La noche iba a ser muy larga.

8.8.11

Fragmento

-Necesito drogar mis sentimientos. -Dijo él, con una media luna plasmada en sonrisa rascada.
-Otros necesitamos tan solo esconderlos, nos conformamos con menos. -Le respondí yo, con la voz rasgada por la intención oculta.- Los mas solamente mienten sobre ellos; e incluso existen aquellas personas con suerte que ni siquiera sienten.
-¿Suerte? ¿Acaso les envidias?
-No. No diría tanto, al menos. Digo que tienen suerte, porque no sufren como tu o como yo. 
-En eso te equivocas. Yo nunca he dicho que sufra. - Me respondió, con el reto a que le contradijese escrito en los ojos.
-Crees que no lo has dicho, pero cuando duermes escapan de tu mente gritos silenciosos de suplicas del corazón y lágrimas transcorporeas.
-Tonterías.
-Si, son mentiras. Pero aun así, en ti se puede leer perfectamente el sufrimiento. -Le dije la verdad, aunque sabia que el ya lo sabia.
-Bah, como tu digas. Y no te desvíes mas del tema... ¿Solo dices que tienen suerte porque no sufren?¿ Y del resto de sentimientos que?¿Acaso no tener alegrías es también una suerte?
-Si y no. Si es una suerte no tener alegrías, pero porque no sabes lo que te estas perdiendo; e ahí la causa de su ausencia de sufrimiento. Y aun con todo, también tengo que decir que no, porque las alegrías, las grandes alegrías, valen mas que todos los momentos malos.
-Menos mal que empiezas a decir cosas con sentido. Y ahora deja de divagar y ven, acompañame a aquel bar. - Le seguí, como cada día, como sabia que siempre, me llevase a donde me llevase, haría.
¿Que por que? Es mas que obvio ¿no?
Yo le quería.

12.7.11

Carta a tu pregunta

La pregunta que te hacías era ¿a donde va a parar la dulzura cuando mueren los amores? ¿el azúcar de los dulces cuando se deshace en que queda?
Las respuestas, por supuesto, yo no las tengo, tú tampoco, él, menos; y no conozco a nadie mas a quien preguntarle. Podría comprar una buena respuesta, pero, seria falsa. Tan falsa como el tiempo que paso. Además, no merece la pena seguir preguntándose algo así, cuando la dulzura ya no pesa nada y lo único que cuenta es la gota de sudor que resbala por tu cuello. Vale tan poco la respuesta a esa pregunta como el hueco vacío que queda en el corazón; no, vale mas aun. El corazón no vale nada. Corazón: órgano destinado a hacer sufrir incondicionalmente y de por vida; cuando para, te mueres. Como va a valer algo así para nada. Podría existir la operación de insensibilización aórtica. Pero como no existe, llegan momentos en los que te ahogas sin saber que es lo que no estas respirando. O bien, lo sabes, pero no quieres admitirlo. Es muy común.
Yo, por mi parte, detesto ese órgano. El corazón. Da demasiados quebraderos de cabeza. Solo hace sufrir, en un mundo donde hay muchas formas de evitar sentirte mal, donde hay muchos motivos para ser feliz. Donde hay tantas maneras de distraerse mientras pasa la vida que no merece la pena usar el corazón para nada.
Tú, tú deberías de aprenderlo. A mi, la lección ya me llega con retraso.


Respecto a tu pregunta... No, no se a donde va a parar, pero si te puedo decir algo. Al final, toda la dulzura muere también.

13.4.11

Nº 68.

Nº 68. 
Aquel número me iba a conducir a las puertas del cielo, y yo aun no lo sabia. Como iba a sospecharlo, tras una fachada como cualquier otra, estropeada por un tiempo que por mi todavía no había pasado. Una fachada como otra cualquiera, con tuberías, con desconchones, y una pequeña placa con aquellos números en azul que aun años mas tarde quedaría grabados en mi memoria. 68. Jamas lo podría olvidar. Tanto allí vivido seria imposible de dejar pasar.
Era una mañana de principios de primavera impetuosa. Aquel año todo se adelanto, incluso mis ganas de vivir. Parecía que algo dormido había despertado para mi tras aquel invierno de horror, y no sabia muy bien como manejarlo. Vestidos y piel al descubierto me calmaban, pero seguían sin ser suficiente. Nada era suficiente para mi. Seguía sintiéndolo, añoraba algo que no conocía, que todavía no había vivido pero que mi cuerpo anhelaba con cada vez mayor y exigente atención.
Paseaba por las calles de aquella ciudad. No recuerdo el nombre de aquella concreta, creo que nunca lo llegue a saber, pero no importaba mucho, el me guiaba, y con eso era suficiente. Ni siquiera fui consciente cuando le comencé a seguir, tal vez fue cuando se me quedo mirando, cuando me sonrió, o tal vez tarde en decidirme hasta que me cogió de la mano. De lo que estoy segura es de que estaba perdida desde el mismo momento en el que el me quiso arrastrar.


Tuve un único momento de duda al ver aquella puerta. Parecía a punto de derrumbarse, estaba en absoluta consonancia con el resto del edificio que la rodeaba. Absoluta decadencia. Aunque no fue eso lo que me hizo dudar. Era no saber que estaba haciendo, exactamente. Mire a mi alrededor, aturdida. Pero le seguía teniendo a mi lado. Él era real y tangible, y el calor de su mano rodeando mi muñeca era más de lo que podía soportar. Me condujo suavemente hacia el interior de la casa, y yo me deje llevar.
El interior era fresco y oscuro. Las ventanas estaban cerradas, el sol apenas entraba por rendijas y marcaba hilos de luz cortando el denso ambiente de dentro, ambiente perfumado con la suavidad de la albahaca y la dureza de la nuez moscada a partes iguales. Un olor que encajaba perfectamente con el. Las paredes estaban pintadas de un suave tono melocotón, había una chimenea apagada, los muebles eran de madera. Parecía que estábamos en un comedor sencillo. Pasamos por un pasillo, me dirigió a través de diversas estancias, subimos escaleras que no pude ni contar, y llegamos hasta ahí.


Era un pequeño cuarto con un balcón. El sol entraba con timidez entre los visillos blancos, iluminando tenuemente todo lo que tocaba. Parecía un cuadro impresionista, luz y color a partes iguales. Tampoco tuve mucho tiempo de admirarlo. Realmente, el cuarto no me interesaba. Para mi era mejor lo que el mismo cuarto contenía. Dentro estábamos el y yo. Solos los dos, y no había mas. Me soltó. Se acerco a la ventana, descorrió las cortinas y abrió el balcón. Entraba una brisa fresca, que arrastraba la esencia de un mar no muy lejano, algo salado y renuente, algo hermoso. Después se volvió hacia mi, con esa misma sonrisa en los labios dibujada. Una sonrisa de lobo. Yo di un paso adelante.  Las cosas no podían estar mas fuera de mi control, pero yo en ese momento no pensaba en nada. Yo solo sentía, ese sol que me inundaba de calor, el fuego de esos ojos clavados en mi, mis pasos acercándome también a esa fuente de luz. Nada tenia razón de ser, y sin embargo, era. No era capaz de aclarar que me hacia continuar, pero yo seguía hacia delante. Finalmente nos encontramos ambos frente a frente allí en ese balcón, en esa casa, esa calle, esa ciudad. Desconocidas todas, desconocido el. Hizo un gesto teatral, me indico que saliese por aquella puerta abierta, yo obedecí sin dudar. El salio también. Y se acerco a mi como todavía no había hecho, porque allí no había sitio para la separación. Allí, por encima de todas las cabezas y los tejados, por debajo de las nubes mas bajas de cielo y por encima de los pensamientos y sueños mas elevados de quienes nos rodeaban. Allí estábamos los dos, piel con piel, respiración con respiración. Había contención en el ambiente. El quería, yo no me hubiera negado. Ninguno dijo nada. Pasaron segundos, pasaron minutos. El sol se deslizaba con pereza por el cielo, y yo no podía dejar de mirarle. Había labios ansiosos en aquel reducido espacio. Los mios, y los suyos también. En un momento, sin saberse muy bien como, ya no los había, porque se fundieron en un roce de necesidad. 


Un beso fue sucedido por otro, Y por otro. Cada uno de mayor duración, todos de alta intensidad. Devoradores, sin calma, presurosos. A juego con unas manos curiosas, tentadas y retadas a descubrir mi cuerpo. Un cuerpo del que había perdido el control y que respondía sin trabas al deslizar de esos dedos. Habia calor en mis labios, en la dulce piel del cuello, y mas abajo, piel hipersensible, esperando su turno. Perdi la cabeza, la nocion del tiempo y la del cuidado. Tan solo quería mas, cada vez mas, y mas y mas. Mas calor, mas piel, mas sudor extraño, mas sabor de esos labios extraños. Hubo un juego de lenguas, tan pronto suaves, tiernas, tan pronto ansiosas y voraces. Sentía labios en cada pequeña parte de mi piel, o el roce de la brisa acariciadora, o el tacto de esas manos, tambien ansiosas. Pero sentía, como nunca, como siempre. Había incomprensión compartida en esos contactos, y eso solo lo hacia mejor. En una sociedad donde se penalizaba la solidaridad de amar, habíamos encontrado un modo de dejarnos llevar.


Algo ocurrió aquel día, en aquel alto balcón de aquella calle de la cual no se el nombre. Aquel lobo pudo conmigo sin siquiera intentarlo. Y desde entonces, no ha habido manera de olvidarlo.

12.4.11

Mute.

Cuando las cosas no marchan, no hay nada que hacer. Resignate, sigue para delante, y no pierdas la esperanza de que alguna dia cambiaran. Aunque no este en tu mano lograr que asi sea. Y es que a veces luchar no sirve de nada. Pero tampoco tiene caso quedarse quieto en un lugar. A lo mejor hay algo que si que se pueda hacer. A lo mejor no. A lo mejor es una perdida de tiempo, y deberias olvidarte de todo eso.

3.4.11

Petites Mémoires

Por cosas como solo recordar buenos momentos. Refiriéndome a personas que se van. Y duele a cada segundo pensar en que ya no están. Yo solo puedo dar gracias por haber tenido esas oportunidades, que mucha gente no habrá tenido. Y daré gracias por todo lo que pude aprender. Por esas grandes historias, y hacerme adicta a maravillarme con cada nueva fabula que descubro. Por el salero y la gracia de esos paseos tranquilos de vuelta a casa. Por bajarme al parque a enseñarme a dar de comer a las palomas y a tejer coronas de margaritas. Por ceder siempre a mis caprichos infantiles, tenerme siempre con la sonrisa en la boca. Por recogerme tantas tardes a la salida del colegio, de buen humor siempre. Por tantos viajes en autobús, y lo que me gustaba a mi quedarme con el bonobus usado. Por esas noches de cuentos repetidos tantísimas veces. Por las tardes de banco y comba. Por hacerme ver los documentales, que tanto me acababan interesando. Por lo que me gustaba ver como los gatos iban comer lo que echábamos por la ventana. Por dejarme ser la reina de la casa. Por todos los cuenticos que me hiciste aprender, y que adoraba. Por despedirse desde el balcón. Por contarme la historia real, y compartir tantas vivencias que me abrieron los ojos. Por cuidarme, y por quererme. Porque a pesar de que ya casi han pasado dos años todavía es un dolor acordarme de todo esto. Porque esas lágrimas todavía me inundan como la primera tarde, y todavía lo hacen a la mínima. Porque sigo echándoos de menos. Y lo seguiré haciendo. Porque erais mis abuelos. Porque nunca se me va a olvidar nada de esto.

28.3.11

3.000 latidos por minuto. Un suspiro en un momento sin respiracion. Perder el sentido de la orientacion. Pequeñas consecuencias. Escalofrios, cuando solo tienes calor. Dejar la mente volar. Cerrar los ojos. Mayores consecuencias. Anhelar, y no poder. Poder, y no ser suficiente. Suficiente, pero no para mi. Yo, y una vida sin un segundo de paz. Pero quien quiere paz, en momentos asi.


Explicaciones que no se buscan a elementos que no las tienen. Palabras que no nacen, y ya, hieren. Miradas que al darse, tienen menos importancia que si no se hubiesen dado. El tiempo pasa en el reloj, y nada sigue sin tener sentido. Acciones hechas sin reflexionar, acciones irrepetibles; acciones adictivas.


Simples reflexiones inconexas. Una mente que se vacia y se vuelve a llenar, como por culpa de las olas del mar. Rimas inconexas, apenas susurradas, apenas esbozadas. Palabras que facilmente no tendran mucho sentido para cualquiera, pero que a mi me llenan. Y no hay mas.

27.2.11

Decididamente, incontrolable.

Vueltas, y mas vueltas. cosas que cambian y no vuelven a ser jamas lo anterior. Que va a ser ¿bueno o malo? ¿Y que mas da? De momento es divertido. Lo demás, que importa lo demás, que importa el mañana o el ayer, la tristeza pasada o la alegría venidera, que importa quien no sea yo o quien fui, que mas me da quien seré. Yo ahora soy quien quiero ser. Y quien se atreverá a cambiarme, nadie va a poder. Porque yo no voy a querer. Que, se acabo, controlarme o manipularme, ¡y que mas! Ya no mas, nunca, nunca mas. Pasar por el agujero nunca mas, nunca mas igualarme, borrar todo lo especial de mi, nunca mas, nunca, nunca jamas.

26.2.11

Dias tristes, dias alegres. Dais raros. Pasan los dias, el tiempo se esfuma, las cosas cambian, y parece que cada dia comienza de nuevo la vida. Y cada dia va a ser el mejor. Y al final, cada dia no es el mejor, pero que mas da, mañana sera un nuevo dia.

6.2.11

No, escuchame tu a mi. Jamas dije amor. Que lo que yo necesito mas que respirar es cariño. Y la vida brilla, pero resulta gris para mi sin la capa de cariño imprimido. Que la vision de este mundo-limon es amarga, amarillenta, y solo el dulzor me ayudara, y no del todo. Y que es dulzor, sino algo de amor diluido. Pero no tanto. Si yo no pido tanto. Solo dame, dame alguna palabra dulce, dame ese cariño al que soy absolument adicta, dame algo de vida, dame sentir, dame sentir unos brazos rodeandome, ya no pido besos ni intimidad, solo dame, dame algo de calor a combinacion con el sol.

Sin Titulo

¿Por qué es el mundo tan jodidamente injusto?
No hablo de injusticias baratas, no hablo de enfados idiotas. Hablo del mundo. Y que cada dia que pasa lo veo mas injusto, y que todo esto me llena cada dia menos. Cada dia veo mas injusticias en el mundo, y cada dia siento mas rabia, ganas de cambiar esa falta de libertad. Y no se que hacer. Salir ahi fuera y luchar, luchar porque, por mi y por ti, por la libertad que nos estan robando sin darnos cuenta, y luchar por su libertad tambien, por la de todos, por la libertad que nos permita nuestra vida. Veo gente luchando por poder sobrevivir, y aqui estamos superviviendo, por mas que nos quejemos, nos quejamos de vicio.
Y es que poco a poco nos roban lo mas intimo que tenemos, y nos engañan, y no nos damos cuenta. Y vivimos tan sumamente idiotizados, television, consumismo, placer pagado en plazos. Me gustaria poder ignorarlo todo. A lo mejor lo conseguiria. Y seria feliz. Pero no quiero hacerlo, no, no quiero ni intentarlo, quiero cambiarlo, y que no haga falta ignorar nada, porque no haya nada que ignorar. Y no se como conseguirlo, por no saber, no se ni como intentarlo.
Pero yo lo voy a intentar. ¿Me vas a querer ayudar?

16.1.11

Un mensaje para ellos, para ellas, 
para principes, doncellas 
para aquellos, para aquellas, 
que piensan que sin amor no hay vida delante...

ejem, el oxígeno es mas importante.


Mejor vivir para ti
que para alguien a quien
 no le importas.

9.1.11

A-mor(ir)



Dame, dame, ¡dame más! Más de ese amor ''verdadero'' tuyo, amor mío, amor de droga dura, amor que engancha, que llena las venas y el corazón, que colapsa los sentidos de piel, calor, sudor, amor de luz, más bien, amor de oscuridad. Amor de esas mentiras que quiero creer, y verdades que no quiero ver, amor de mi alma y tu vacío, de la vida, no del destino, amor falso, amor vendido. Amor de mi amor, el único que me han enseñado, el único que he aprendido a desear, amor, el único que he aprendido a tolerar, amor, el único por el que mi corazón esta latiendo, amor, amor único que habré sentido, amor, vacuidad, vana, vacía, amor, amor, mi vida.  

Amor mío, amor de droga dura, amor que engancha.
Que llena las venas y el corazón. Que mata.

29.12.10

Vida. Tres fases.

Principiantes:
El primero es el mejor. Ese primer amor, inocencia, y creer que con amar basta, que nada importa mas allá, que esas cosas complicadas no importan entre dos personas cuando las dos se quieren. Y disfrutas, insouciante, disfrutas como si no hubiese mañana. Y sientes mariposas, sientes que nunca podrás olvidar lo que estas sintiendo, sientes que no puede salir mal, porque hay amor.


Amateurs:
Tu crees eso, y vives feliz en la ignorancia. Mas tarde te haces mayor, la vida comienza a darte palos, y los desvíos surgen en tu camino. Ves que estabas equivocado, y algo frágil se rompe en tu interior, y ya nunca vuelves a verlo igual, nunca recuperas esa inocencia que te habría las puertas de la felicidad, en el País de Nunca Jamas.


Veteranos:
Pero que importa. Te haces mayor, si, y el espacio que ocupaba el amor queda libre, libre para ser ocupado por deseo, por libertad, por intimidad fingida. Y la verdad, no es tan malo, eso tambien puede llenarte, no de la misma manera, no, pero tal vez de una manera mejor, porque esas cosas jamas te abandonaran, y el amor si que lo hace.